Jun 21

Cuando pasó con el carro frente a Sears (aquí en Washington-EEUU) siento una nostalgia por esa tienda por departamento que ya no existe en Lima, mi ciudad que extraño y a la vez detesto por sus calles llenas de ruido, sucias, con conductores extravagantes que engordan a los policías que por 3 soles(1 dolar) entregan su orgullo, los claxon (bocinas) a desmedidas y el cielo gris que sólo me entierra en lamentos, esa ciudad que está llena de gente en las calles porque no hay trabajo o no quieren trabajar, una ciudad que tiene pintada sus paredes de gris por la contaminación de los carros y, a su vez, tiene pancartas electro-cumbias-pachangera con chillones colores de alguna paleta hippie probablemente. Llena de vendedores ambulantes que por 10 soles tienes el último éxito musical o algún bestSeller.  Pintas de que ganará la selección peruana para llegar al mundial de fútbol o simplemente aquel semáforo que dejó de funcionar y congestiona aun más el caótico tráfico limeño. Esa es mi Lima que extraño.

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