En las épocas que mi madre trabajaba durante la semana, empezó a estudiar los sábados y domingo en la universidad, así que iba a ser imposible que cocinara o preparara algo un día antes. Pensar en ir a almorzar y cenar en la calle era imposible, más aun con la crisis que pasaba el Perú.
Era sábado por la mañana cuando mi padre me despierta y me dice:
-Levántate, es hora de cocinar -
Yo nunca había entrado a la cocina y mucho menos había cocinado, así que era toda una nueva experiencia.
-Pero… ¿qué vamos a cocinar?- Dije.
-No lo sé, pero compre unos libritos de comida china que me vendieron en la calle a un sol- Respondió contento.
-Entonces ¿qué cocinaremos?- pregunté riéndome.
-Abre el libro y mira que te gusta- dijo mi padre.
Durante toda mi vida, siempre me gustó ir al chifa, una versión peruana de comida oriental con condimentos chinos y peruanos. Cuando iba de niño el único plato que pedía era el arroz chaufa y aveces variaba con el tallarín saltado. Mi padre por otro lado comía arroz blanco, sin sal, de esos que son ricos un rato pero no para almorzar.
Con estos antecedentes, decidimos hacer lo que nos gustaba e inmediatamente me puse a buscar en ese librito del tamaño de la mitad de un A4 (A5) la receta y la forma como preparar. De hecho, encontré varias parecidas, así que decidí ciegamente optar por alguna de ellas.
-Lo encontré- dije sonriendo
-Macanudo!!!!- respondió mi padre
Macanudo, gran palabra que era muy usado en la época de nuestros padres o quizás abuelo, Macanudo, era la palabra que para nosotros reemplazaría: “Genial!!!!”.
Hice una lista con las cosas que tenía que comprar, cuidando minuciosamente no fallar en algún dato o ingrediente para que sea lo más parecido al ya famoso librito de comida chifa. Una vez terminado de escribir, salí con mi padre a un mercado cerca a mi casa y compramos todo lo que había apuntado, estábamos contentos y teníamos mucha fe en que sería un gran almuerzo.
Llegando a la cocina, mi padre me dice:
-Empezaremos con el arroz-
-Esta bien- dije
-Lo mas importante de hacer el arroz, es que no se queme y que quede graneado- dijo mi padre.
-Está bien- respondí.
Durante años vi a mi padre arreglar los carros, la lavadora, la secadora de ropa, la cocina, las radios, los relojes de pared, los relojes de mano, hacer mis proyectos del colegio, etc. pero nunca lo había visto cocinar.
Mientras el comenzó a explicarme cada paso de hacer el arroz, yo tomaba nota mental de las cosas que me decía, cada detalle y sobre todo cada cálculo que con naturalidad realizaba. Una vez que concluyó de hacer el arroz, empezamos a hacer los tallarines chinos. Empezamos aprendiendo que los tallarines chinos no tienen la misma forma de cocinar que los fideos o tallarines tradicionales. Así que fui a la tienda a comprar más tallarines chinos.
Una vez leído las instrucciones, preparamos los tallarines de la forma correcta. De hecho, salieron muy bien, aunque el libro decía al final que se tenían que freír, decidimos no optar por esa opción.
Minutos después ya teníamos todo listo, habíamos hecho todo lo que decía la receta y la forma de como preparar. Y para decir verdad, nos salió muy bien.
Las siguientes semanas seguimos cocinando, cada vez con mucho más experiencia, nos dábamos el lujo de cambiar algunos ingredientes y comenzar a hacer pequeñas variantes. Y, como cuando desarmas algún artefacto, aveces hasta nos olvidábamos cosas para ponerle en la comida que después recordábamos con risas.
Con el paso de los meses, mi padre poco a poco comenzó a dejarme más responsabilidades a la hora de hacer la comida, hasta que, finalmente, me dejó todo para preparar. Lo mejor de ese momento, fue que me dio el dinero para las compras y las cosas comenzaron a cambiar.
Comencé a juntar las pocas monedas que me quedaban al final de las compras de los ingredientes y me di cuenta que cocinar era el negocio perfecto. Si bien es cierto al inicio eran pocas monedas, comencé a reemplazar ingredientes por otros un poco más económicos, quitando las pechugas de pollo para ser reemplazadas por mollejas, que me gustan mucho.
Es así como cambié de ahorrar monedas a prácticamente quedarme con el 50% del presupuesto diario de comidas. Sumado a esto, pedí a mi padre también cocinar los días domingos y mi vida cambió. Tenía ya otro ingreso semanal, que sumado a las tareas que hacía en el colegio, era tiempo de pensar en abrir una cuenta bancaria.
jajajajajajaja, no se por que pero me daba la impresión que leia aquel libro de Mi planta de naranja lima xD.
Solo espero que tu cuenta bancaria haya engordado después de estar cocinando en México XD
y toda esa historia para contar que solo sabes cocinar pastas? XD