Ya en el Aeropuerto caminaba por la puerta de embarque para subir al avión que me llevaría de regreso a la ciudad donde trabajo, fue un genial Adobe en Vivo, pienso. Sobre ese largo camino alfombrado iba pensando en los innumerables adjetivos que esta conferencia dejó en mi mente: impresionante acogida, indescriptible fervor, incansables charlas, sorprendentes expositores, impecable gestión, risueños rostros, emocionantes momentos, sensacional participación de los asistentes, extraordinario calor humano, inquietantes sorteos, exquisitas comidas, ripia sed de licor, espléndidas playas, hermoso cielo azul, majestuosas mujeres, presurosas calles, elocuentes amigos conferencistas avivados por algún brebaje de ensueño, etc, palabras que son resumen de los vibrantes momentos que me llenaron de emoción de saber que se pueden hacer eventos de calidad y que cada vez la comunidad hispana está más unida.
Antes de llegar al aeropuerto salí del hotel Barceló a las tres de la tarde, que por cuatro días nos había alojado junto a Edgar, Erik, Raúl y Michael, disfrutando de esas playas que pueden describirse como el Edén perdido, con un mar tan transparente que sólo podría ser comparado con la pureza del alma de un niño recién nacido, con una temperatura adecuada como para poder disfrutar sobre sus suaves olas, que apenas se elevan y te permitían estar todo el tiempo que quieras sobre sus aguas. Y esa blanca arena traicionera que se regocijaba buscando posicionarse en los sitios más recónditos jamás imaginado, arena tan fina como la de una dama de la más alta clase aristocrática. Sumado a una gran paz, que sólo se puede conseguir cuando dejas de vivir, esa paz que sueña cualquiera que es condenado a esta vida agitada que llevamos. Esa es la playa de Juan Dolio en República Dominicana.
El martes fue cuando conocimos por primera vez esas hermosas playas, que por un descuido de un perturbado taxista extravió a dos de nuestros conferencistas, perdiéndose por más de 3 horas por sus balnearios y la verdad es que tomamos muchas fotos para que no añoren las bellezas de esta playa como yo ahora, mientras escribo estas lineas, lo hago.
El lunes por la noche fue el día en que 10 extranjeros de distintas nacionalidades salieron despavoridos en pos del primer lugar de comida que podían encontrar sin mucho éxito para ser sinceros. Caminamos entre 10 a 15 cuadras por nuestra meta, pero realmente las alternativas eran casi nulas, también tengamos en cuenta que en la zona por donde estábamos alojados la vida nocturna era casi nula, grave error y tema a considerar en futuros eventos. Llegamos al lugar menos esperado, pero abierto por lo menos, lleno de payasos pintados en las paredes con una gran McD en el pecho y famosos por sus hamburguesas que dependiendo el país, el sabor cambia. Decididos a comprobar esto, además de que no nos quedaba otra opción, entramos y logramos satisfacer nuestro apetito. Fue en este momento que se hizo conocida la frase: “Hay ReFill sólo con RePay”, y es que en México todos los lugares de comida rápida (bueno casi en todos) el ReFill de las gaseosas o refrescos es usual. Pero comprobamos que no es así en el resto de países y si querías tomar más gaseosa, tenías que pagar, fue motivo de muchas risas realmente.
Por la tarde del Lunes, dos de nuestros conferencistas fueron al aeropuerto para caer en cuenta que su vuelo salía un día después, nos alegró mucho verlos de nuevo en el hotel, pero en realidad nos daba mucha risa el hecho de no darse cuenta en la fecha de retorno a sus países respectivos. Fue motivo de largas y realmente interminables risas, es aquí donde la frase: “que tu vuelo es mañana? ok, permiso, yo me voy HOY” para luego continuar con “creo que mañana nos iremos”.
En la mañana de este día, con todos los conferencistas en pleno, nos reunimos para conversar, presentar, gestionar y proponer nuevos proyectos sobre nuestra gran comunidad: la hispana, siendo esta la segunda parte del Adobe en Vivo llamado: Community Summit. Tantas mentes brillantes juntas sólo pueden dar increíbles ideas, que poco a poco iremos presentando mientras las vamos gestionando. En la reunión no se hacen esperar los divertidos comentarios y bromas en el grupo que sólo avivan nuestra amistad y nos hace aportar, sin miedo al rechazo o a equivocarse, propuestas innovadoras y arriesgadas.
La noche del domingo, después de la clausura del Adobe en Vivo, ya con ropa cómoda en el hotel y en silencio, más de lo habitual debido a que los huéspedes se quejaron de nuestras exageradas risas y comentarios propios de los altos niveles etílicos que llevábamos, nos dirigimos a la habitación de Raul para poder expresarnos libremente envueltos en la bachata y los comentarios propios de todo geek hasta altas horas de la noche.
Durante todo el domingo y sábado se realizaron las charlas que fueron manifiestos de grandes conocimientos y experiencias por partes de los expositores, todos ellos hicieron gala de sus conocimientos y demostraron que en muchos tipos de acentos se puede hablar el mismo idioma: Adobe. Gracias a todos:
- Janice Cambell – Adobe Systems (EEUU)
- Michael Borbor (Ecuador)
- Edgar Parada (México)
- Henry Rosario (República Dominicana)
- Rodrigo Duarte (Chile)
- Erik Porroa (Perú)
- Maximiliano Firtman (Argentina)
- Raúl Jiménez (España)
- Elder Vásquez (Perú)
- Marlon Ceballos (Colombia)
- Mariana Cabral (México)
- Jose Ramos (Puerto Rico)
- Jorge Mochon (España)
- Ilka Valdez (Cuba)
- Luis Sosa (República Dominicana)
El viernes por la noche llegamos a República Dominicana junto con Edgar, Michael, Marlon y Rodrigo, consumidos por el calor y la humedad que es clásico en países rodeados por mar, envueltos de la emoción y las ganas de conocer a tan famosa ciudad turística. Lo primero que hicimos fue dar el encuentro a Raúl, Jorge y Erik a un bar donde la bachata era constante y provocadora, ahí conocimos por primera vez a la cerveza que hace famosa esta ciudad. Pero teníamos que descansar así que sólo estuvimos unas horas.
El avión que me llevaba a República Dominicana sólo me envolvía en emoción, los nervios, las ganas de llegar de una vez la ciudad, de encontrarme con mis amigos, grandes cómplices de charlas, conocer a más gente y poder sentir esa sensación que sólo un Adobe en Vivo suele dar, todo eso junto dentro de mi me llenaba de expectativas y me hacia sentir que nuestra labor como manager estaba dando buenos frutos.
Sentado en ese avión del lado de la ventana veía como el suelo se iba alejando poco a poco, recordándome que odio los despegues y aterrizajes, aterrado por ese ruido fatal que me hace sentir tan insignificante ante la vida y que me hace pensar en la pregunta: ¿Qué nuevos recuerdos me traerá este Adobe en Vivo?.
Así viví el Adobe en Vivo en República Dominicana.