Durante el verano que di clases de natación en el colegio, la pasé muy bien divirtiéndome enseñando la manera que me hubiera gustado que me enseñaran, sin pensar que la clase era una clase, sin pensar que el profesor era profesor y sobre todo, sin pensar que el agua era para tenerle miedo.
Sin embargo, el sueldo de un profesor en esa época no excedía de 130 dólares mensuales, y realmente no me servía de mucho, porque el dinero que gané durante mi época escolar ya sólo quedaba el recuerdo, así que me tocaba buscar un trabajo paralelo que me permita cubrir todos mis gastos.
Pero… es que yo no tenía nada que poner en mi curriculum y recién unos meses enseñando en un colegio, no servía de mucho. Así que otra vez, me puse a buscar en el diario donde todo desempleado compra los domingos en busca de alguna oportunidad. No tardé mucho en encontrar un aviso que decía:
“Trabaja ya!!!, no requieres experiencia!!!”.
Me sorprendió mucho el aviso y en realidad era lo máximo que podía aspirar, así que apunté la dirección y esperé la mañana del lunes para ir. El problema ahora era con que vestirme, no tenía nada decente para ir a la entrevista más que mucha ropa de deporte que usaba para dar mis clases. Por suerte, un amigo se ofreció a prestarme un traje que no me quedaba tan pequeño como lo imaginé. Luego pensé en que documentación llevaría si realmente no tenía nada, era sin duda el principal problema, así que pensé en improvisar una excusa e ir decidido.
En la mañana del lunes llegué temprano a la cita señalada y para mi sorpresa había mucha gente esperando, muy bien vestida y todos con el clásico sobre de manila característico del desempleado limeño. Yo tenía puesto el traje de mi amigo que me quedaba ligeramente pequeño y llevaba mi agenda para engañar a cualquiera pensando que tenía algo que llevar a la entrevista.
Nos tocaba esperar a ser llamado, eramos muchas personas, realmente no tenía idea a que hora regresaría a casa. La cara de muchos era de asustados, nerviosos, preocupados, angustiados, exaltados y en algunos casos demostrando demasiada inseguridad. Es claro que yo no estaba exento de tener todas estás y, de seguro, muchas más caras, pero era gracioso ponerse a pensar que pasaría por la cabeza de cada uno de los, ahora, postulantes.
Después de casi dos horas de espera, llegó mi turno y estaba realmente nervioso. Sentía mi pulso acelerado, mis manos estaban sudando, mi respiración era agitada y sobre todo, tenía el rostro de asustado al máximo.Escuché mi nombre y mi apellido.
- Buenos días – respondí con voz débil.
- Adelante por favor – me dijo una señora con cara de pocos amigos.
Los siguientes minutos fueron muy extraños para mi, realmente no me preguntaba nada y yo tenía ya las manos mojadas de tanta intriga.
- ¿Hablas en público? – me preguntó.
- Si – mentí.
Necesitaba el trabajo y si tenía que hablar frente a 100 personas, lo haría sin oponerme. Y es que durante mi época escolar nunca me atreví a pararme frente a mis compañeros a exponer un trabajo o presentación; no me atrevía a levantar la mano para preguntar algo que no había entendido, y es que realmente me daba pánico estar parado frente a personas. Durante la época de secundaria (4to y 5to año) nunca expuse, ni di una sola opinión en clase, tenía realmente mucho temor y vergüenza del simple hecho de escuchar mi voz por encima del resto de personas. Estaba claro que terminé el colegio con la imagen de no poder hablar en público pero realmente necesitaba el trabajo y mentí.
- El trabajo es hablar frente a personas que nunca has visto, ¿lo harías? – agregó.
- Sin duda, lo puedo hacer. – respondí.
- Listo, me agradas, tienes el trabajo. – me dijo sonriendo.
Sentí demasiada alegría al escuchar esa frase, no tenía aun muy claro ¿cómo? y ¿por qué? tenía el trabajo y hoy por hoy, después de muchos años se me viene a la mente la frase de mi padre: “tu tienes una habilidad para encontrar trabajo, envidiable”.
Después de escuchar mi sueldo, horario de trabajo y demás detalles laborales regresé a mi casa contento pensando que no tenía idea en que me había metido.
Mi trabajo en cuestión era muy simple, hablar frente a gente que jamás habías visto para ofrecerles un curso de ingles y para eso durante un mes entré en capacitación de técnicas de ventas, estrategias de persuasión para ventas efectivas, técnicas para hablar en público y dinámicas de soltura. Realmente no le vi mucho interés a esos temas pero tenía que aprenderlos para poder continuar trabajando. Sentí que era algo pasajero y que jamás me serviría en la vida que había escogido: diseñar. Pero la necesidad me hizo tener que atender esas clases.
Durante ese mes explotaron al máximo mi capacidad de improvisar, de expresarme, de perder ese gran temor que tenía de estar frente a gente y sobre todo: a hablar bonito, a vocalizar, a saber expresarse y confiar en lo que dices, sobre todo eso último.
No me quedé mucho tiempo en ese trabajo, me fue bien pero el destino tenía cosas diferentes para mi pero sin duda, y vale la redundancia.. el destino sabía por qué me puso este trabajo en el camino.
A mi también me daba mucho miedo hablar en público, y una vez, en un club donde bailaba, la chica q hacía la animación no pudo ir y me pusieron a mi :S casi me muero!! pero luego de un ratico y dos traguitos de ron se me quitó la pena XDDD
Yo aun tengo miedo escénico, nah mentira. Hay que ir hablando poco a poco en publico para que se quite ^^
@oxigeno con unos traguitos no se vale! xD