Cocinando se vive mejor Mi mierda y mi mente
Oct 18

Tomé algunas cosas de mi habitación, no muchas, tampoco tenía tanto que llevar, sólo quería irme de mi casa y era tiempo de empezar una nueva historia. Recuerdo que en una maleta muy pequeña metí dos juegos de ropa y un par de zapatillas sumado a lo que tenía puesto creía tener lo suficiente para empezar. Salí de mi habitación diciendo lo mismo que siempre digo cuando me voy de los hoteles donde me hospedo en mis viajes:

- Ojalá nos veamos pronto, bye -.

Caminando sin rumbo con todo lo que necesitaba en mi maleta y unos cuantos soles que tenía ahorrado de mis labores delictivas, caminé hacia un kiosko de periódicos, compré un diario que todo desempleado en Lima adquiere los domingos y me puse a revisar. Recuerdo siempre está parte porque mi padre siempre me dice, hasta ahora:

- Que suerte tienes para encontrar trabajo en estás épocas -.

Comencé a revisar la sección de clasificados sin saber que buscar, no había estudiado nada y dudo mucho que algún niño de colegio pusiera un aviso para hacerle las tareas. Busqué en todas las secciones, no tenía idea de que pero sabía que algo encontraría.

Me extrañó un poco cierto aviso: “Se busca profesor de Natación, llamar sólo hoy”. Muchas dudas en mi cabeza mi hicieron pensar en ese aviso. Nunca había enseñado a gente que no sea de mi familia, nunca había enseñado a nadar, nunca había hablado a más de dos o tres personas al mismo tiempo. Las dudas me seguían pero era lo único que había encontrado que podía hacer, bueno, nunca había enseñado a nadar, pero nade y competí, y no creía ser malo, así que me decidí a llamar.

Me dieron una dirección con la indicación de asistir hoy mismo y tener una entrevista. Con mucho temor acepté. Pero… ¿qué debes llevar a una entrevista de profesor de natación? o en mi caso: Nunca había redactado un currículo, ni un papel, y si lo tuviera que hacer… que colocar, nunca había trabajado más que resolver problemas de matemáticas.

Llegué a la dirección que me dieron con unas medallas que había ganado y que por suerte saqué de mi casa al irme. No eran muchas, pero pensé que servirían. Cuando entré era una colegio con muchos niños, je, eso es obvio. Pero eran los últimos días de diciembre y se suponía que ya nadie estudiaba.

Ni bien entré me preguntaron a que iba y mencioné el diario, y me pusieron en una fila con otras personas más, todos mayores, quizá entre 30 a 50 años todos con porte atlético, gorra, silbato y una tablilla en la mano, típico profesor o instructor de natación. Vaya, yo sólo tenía mi mochila en una mano y el diario en la otra.

Poco a poco los que estaban delante mio fueron pasando a dar una especie de examen con alguna persona en el área de la piscina mientras el resto esperábamos aislados. La intriga, propia de la edad, me mataba y me consumía de a pocos, quería ver que les preguntaban o hacían hacer para poder estar preparado, era realmente desesperante la incertidumbre.

Fui el último de la fila, y era claro, el último en dar la prueba. Me llamaron y entré a una especie de recepción donde habían dos mujeres con muchos papeles sobre la mesa.

-Tome asiento -  Me dijeron mientras me observaban fijamente.
-¿Qué edad tienes? -  añadió una de ellas.
-18- Mentí, nadie me iba a contratar con 16 años.
-¿Estás estudiando? – preguntó una de ellas.
-Si, claro – Volví a mentir.
-¿Qué estudias? – Me dijeron mientras tomaban apuntes.
-Estoy en un club de natación, entreno y estudio más sobre natación – Mentí por tercera vez, ya no estaba en el club porque odiaba nadar.
-¿Tienes experiencia enseñando? – Preguntó una de las mujeres.
-No mucha, pero siempre ayudo a mis compañeros cuando no saben algo – Primera verdad de la entrevista.
-¿Y sabes todos los estilos? -
-Así es, soy nadador – Respondí orgulloso.
-¿Y eres bueno? – Me preguntó una de las mujeres con rostro de burla.
-Lo suficiente, creo que puedo ganar alguna beca y estudiar gratis en alguna universidad, pero quiero entrenar aun más – Respondí aun más orgulloso.
-¿Y cómo entrenas?-
-Nado dos horas a las 7am, al medio día nado 2 horas más y en la tarde a las 6pm nado 3 horas más. – Dije sonriendo.
-7 horas díarias… no es mucho – Me dijeron.
-No!!!, para ser el mejor hay que entrenar mucho – Sonreí con esa respuesta.

Se pusieron de pie las dos y me pidieron acompañarlas. Las seguí hasta la piscina donde había algunos niños.

-¿Puedes nadar los 4 estilos aquí?-Me dijo una de ellas.
-Ok- Respondí.

Cuando terminé de quitarme la ropa para empezar a nadar me acorde de las cientas si no fueron miles de veces que mi entrenador me decia:

-Tienes el peor estilo que vi en mi vida, pero por Dios, sí que nadas rápido -

Yo se que el, mi entrenador, era muy exigente, quizá era mentira lo que me decía para que yo pueda exigirme más pero no lo sabía y ahora la intriga me mataba.

Un poco de pánico entró en mi cuerpo, sentía que verían un estilo rápido pero no perfecto y no puedes enseñar así… no lo se, solo pensé en hacer mi mejor esfuerzo y ver que pasaba.

Miré el agua con tranquilidad y la toqué para saber cuan fría estaba, y si, estaba muy fría, recordé las miles de veces que dije que no nadaría más en agua helada.

Tomé un poco de aire e hice el mejor salto (clavado) que pude, recordé cada parte de la técnica, me suspendí medio segundo en el aire y caí con mucha fuerza mientras aprovechaba mi desliz por debajo del agua y que muchas veces me hizo ganar medallas. Empecé a nadar, intentando recordar a mi padre cuando me corregía el estilo, recordando también al salvavidas que me enseño a tener resistencia y aun más, recordando a mi entrenador que siempre me decía que mi estilo era malo pero era veloz.

Terminé de nadar los cuatro estilos sin cansarme mucho, había mantenido la calma y la respiración así que salí de la piscina casi sin cansancio. Me sequé el agua y me puse una camiseta, mientras una de las mujeres me decia:

-Te traeré a dos niños para que le des una clase de 10 minutos, espérame -

Era un momento difícil, enseñar a niños no es lo mismo que a adultos y mucho menos como enseñar a tu familia. Los nervios que habían pasado regresaron con más fuerza. Momentos después me trajeron a dos niños, quizá de 7 u 8 años. Era evidente que no sabían nadar, así que los senté en la orilla de la piscina y me puse a jugar con ellos, quería que no tuvieran miedo al agua y la única forma de perder ese miedo es olvidándose de el.

No pasó ni 5 minutos y ya los niños olvidaron que estaban en la orilla de la piscina, así que me metí al agua y me puse delante de ellos pidiéndoles que me lanzaran agua con sus pies. Entré sin sacarme la camiseta eso le dio mucha risa a los niños y les daba más ganas de lanzarme agua, me reí mucho, lo recuerdo bien.

Momentos después, una de las mujeres me dijo que había acabado mi tiempo así que salí de la piscina.

Se me acercaron las dos y me dijeron:

Tienes paciencia. Empiezas mañana.

2 respuestas to “Sin saber que”

  1. FeNtO says:

    Tengo la mala costumbre de leer Xd, y tu relato me cautivo, por cierto , rapido de cuanto hablamos en marcas ?

  2. [...] This post was mentioned on Twitter by eldervaz, Sandra Lafosse. Sandra Lafosse said: Retuiteado está… RT @eldervaz: nuevo post Sin saber que -> http://bit.ly/1vYpAj #eldervazBlog //Retuitear [...]

Deja tu comentario

preload preload preload