Ateo sin remordimientos Y te diré
Jul 21

Se me hacia tarde, tenía que llegar a una de mis tantas reuniones, deseaba correr pero no quería llegar agitado, decidí subir a un ómnibus que me ayudará a recorrer las 5 cuadras que tenía por camino.

El bus estaba lleno, sólo quedaba un asiento desocupado que daba la espalda al camino. Cansado, decidí sentarme y esperar llegar a tiempo a mi reunión. Ya acomodado, con un dolor de espalda y con una angustia por la hora, apoye mi cabeza en el respaldar y me dejé  relajar al ritmo de la música del conductor.

Es ahí, donde recién pude ver las caras de todos los pasajeros, cada uno de ellos con una historia diferente, con caras de preocupación, cansancio, alegres o molestos; tenía muchos rostros en donde podría encontrar un cuento distinto que contar.

Sin embargo, unos ojos podían distinguirse entre los demás rostros, una mirada capaz de hacerte regresar y mirarlos fijamente, y así lo hice.

Era una joven de aproximadamente 23 años, tez clara y grandes ojos, su cabello es negro azabache y una expresión de ángel, unos labios delgados y de contextura fina. Ella miraba hacia la calle, como apreciando las líneas del pavimento, meditando sin perder de vista la avenida. Su seriedad me atrajo, me preguntaba que estaría pensando, si la agobiaría  algún problema o sólo se dejaba llevar por la música y el cansancio.

Ella estaba sentada junto a una señora de avanzada edad, vestida de morado por alguna tradición peruana del mes de octubre, llevaba en sus brazos unas biblias y por momentos del viaje sus ojos se cerraban marcando en su rostro líneas de los tiempos vividos. Me pregunte si era la madre de su acompañante.

No podía desprender mi mirada de aquella joven, no era la chica más linda del mundo, pero tenía un ”no se que”, que me dejaba congelado apreciándola como una joya de un escaparate. Como vitrina de almacén con un precio inalcanzable.

Dude si me podría acercar y conversarle, pero… conversarle de que, si me da vergüenza empezar una charla con una extraña, pero hoy y solo hoy y por ella, quería vencer ese temor, pararme, caminar y preguntarle… bueno, ya se me ocurrirá que decir.

Pero no, hoy mis temores me persiguen más que nunca, mis manos empiezan a transpirar, mi mirada se vuelve más nerviosa y mi rostro expresa incomodidad. Ya no podía hacer nada, tenía todo el mundo en contra. En esos momentos, aquella joven se percato que la apreciaba fijamente, mi vergüenza se volvió en un rojo intenso en mi rostro, el calor invadía mi cuerpo y los nervios se fueron haciendo más obvios. ¿Se habrá dado cuenta que la miraba? ¿Que pregunta es esa??? me respondí. Mi cuerpo delataba mis pensamientos, que vergüenza pensé.

Decidí por unos minutos no voltear mi mirada y evitar fijarme en ella, pero las ansias me ganaban, así que decidí lentamente volver hacia ella, y mi sorpresa fue mayor… Ella me estaba mirando, apenas se dio cuenta que me percate, voltio su rostro a la ventana. Ya para esos momentos su rostro estaba grabado en mis retinas, volviendo la imagen de ella una y otra vez como una gran película.

Mientras recordaba su rostro mirándome, la señora que la acompañaba en el asiento del bus se levanto y pidió bajar en el paradero siguiente. La señora ya parada al costado de la puerta, esperaba que el bus se detenga, el cobrador me pidió por favor que me cambie de asiento al costado de la señorita, mi sorpresa fue grande, no sabia si agradecerle o terminar de ponerme aun más avergonzado. El mundo conspiraba para que algo pasara, para que nuestras historias se junten y probemos.

Para mi sorpresa, ella al escuchar al cobrador lo miro, me miro y volvió a mirar al cobrador, como dos socios en contubernio para una actividad ya planificada. Su rostro se volvió a la ventana y se dejó ver una sonrisa cómplice como confirmando que para ella yo si existía. Respiré hondo, me arme de valor, decidí guardar mis miedos y me levanté lentamente como escena cinematográfica, miré el camino a recorrer y la miré a ella, se me hizo un mundo pensar que estaría mucho más cerca de ella ahora. Di mis primeros pasados y ella me miraba de reojo, como intentando detener el tiempo y poder escapar.

Me senté a su lado, lentamente, para que, según yo, ella no se de cuenta de mis nervios que de por si ya eran noticia de primera plana en aquel bus. Respiré tranquilo intentando calmar los latidos de mi corazón que yo sentía se podrían escuchar más que la música del conductor.

Mis piernas oscilaban de lado a lado mostrado impaciencia y nerviosismos. Ya estaba ahí, y tenia que hacer algo, pero las ideas que se me ocurrían desbordaban ingenuidad y torpezas, tenia que hacer algo y ya. Pero al mirarla, observe sus manos, ajustaban fuertemente un manojo de llaves, como si quisiera romperlas, era señales que también tenia nervios, que sabia que habíamos hecho comunicación visual, pero ahora faltaba dar el primer paso.

Con toda esta vivencia, olvidé que tenia que recorrer 5 cuadras del viaje, ya estaba apunto de llegar, tenia que bajarme del bus y no habÃía logrado nada, el tiempo pasó como eternidad pero ya llegaba a su fin. La angustia me gano, no tenia más chance que bajarme y olvidar lo sucedido.

El mundo se me derrumbaba, toda aquella conspiración para juntarnos nos daba una mala pasada al delimitarnos con tiempos, como si fuera fácil para alguien como yo, apresurarme con las cosas.

Baja en el paradero!!! pronuncié casi derrotado, molesto conmigo mismo, con ganas de mandar lejos a la reunión y esperar a ver que sucede, que hacer??? me preguntaba constantemente en dejar mi responsabilidades y darme una oportunidad. Los sentimientos encontrados eran muchos, era una gran decisión, pero sabía q no podía perder esa reunión, pero también sabía que nunca más me encontraría a esa joven. Si tenía que hacerlo lo tenía que hacer ya.

Estaba ya a escasos 25 metros del paradero, el bus comenzó a bajar de velocidad, los tiempos se hacían largos y cortos al mismo tiempo. No sabia que hacer. También logré ver en ella desesperación, como sabiendo que después de ese paradero la historia se acababa y todo se daba por terminado, como diciendo, listo, sólo hazlo y acaba con esto; mis pensamientos eran rápidos y violentos, con miles de alternativas, con ninguna suficientemente cuerda para tomarla, empecé a desesperarme, a realmente sudar viendo como el bus se detenía por completo, y la puerta se abría lentamente, me agarré la cara y la desesperación me tomó ahora si por completo.

Abrí el bolsillo de mi maletín, saque una tarjeta personal y voltee a verla, y ella me miraba, ambos paralizados nos quedamos mirando, respiré hondo y le entregue la tarjeta, ella lo recibió y no dejaba de mirarme, ya tenía que bajar, y le dije: Permite que este tiempo… dure un poco más. Me miro y sonrió, sentada ahí afirmó mi comentario.

Sonreí, me di la vuelta y baje del bus sin mirar atrás pensando la locura que acababa de hacer.

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