Y volver a empezar Cocinando se vive mejor
Aug 25

Tenía 9 años cuando mi padre me llevaba junto a mis amigos a un club deportivo para practicar alguna disciplina. En realidad no me gustaba hacer ejercicios y pasaba mucho sin hacer nada, odiaba el esfuerzo físico, cansarme, sudar, etc. Pero mi padre siempre insistió en los deportes ya que el practicaba casi todos y siempre se le abrieron las puertas gracias a su habilidad.

- Entra a la piscina y nada unas cuantas vueltas conmigo – Me dijo mi padre.
- Pero ¿para que? es aburrido y no sólo eso, es completamente cansado nadar – Respondí con ánimos de molestar.
- Nadar es muy importante, primero: te puede salvar la vida y segundo, es el deporte completo que no te da ningún otro. – Reclamó mi padre.

Mientras me animaba o no a entrar a la piscina, mi único hermano, que para mi mala suerte nació 8 años antes, me empuja a la piscina sin el más mínimo remordimiento.

- ¿Qué tienes animal? – grito con mucha furia.
- Tienes 5 segundos antes que te alcance y te ahogue – me dice riéndose.

En ese momento, la ira se convirtió en miedo, lo conocía y sabía que era capaz de matarme sólo por diversión. Empecé a nadar desesperadamente, nadando por mi vida a gran velocidad, estoy seguro que nunca había nadado más rápido. Me olvidé del estilo, de la respiración pausada, del equilibrio, de juntar los pies, de estirar los brazos, de todo lo que mi padre en muchos años me enseñó. Nade muy rápido sin mirar atrás, sabía que el venía buceando, por debajo de la piscina, para atacarme de una forma vil, sin misericordia, sin compasión, y sobre todo, sin remordimiento por ser su hermano.

Recuerdo levemente (porque estoy seguro que me desmayé) que me agarraron del pie y me jalaron al fondo de la piscina mientras intentaba seguir braceando, recuerdo levemente, porque si, estoy seguro que me desmayé, que luego sentí que me jalaron muy al fondo y pusieron un pie en mi espalda. En mi desesperación luche golpeando a mi hermano para poder salir a respirar, ya era algo de vida o muerte. Creo que cuando ya perdí las esperanzas y mi hermano vio que mi rostro cambió fue cuando me soltó, salí y empecé a toser toda el agua que tenía en los pulmones. Mientras intentaba recuperarme, veía a mi hermano riéndose mientras verificaba que no estaba muriendo.

Era difícil mantenerme a flote con tanta tos, pero cuando ya me sentí mejor, sólo atiné a ver a mi hermano y nadar detrás de el para golpearlo, intentar ahogarlo; por más que tenía más fuerza que yo y que pesara casi el doble que mi ya delgado cuerpo, nunca pude alcanzarlo para intentar someterlo al mismo dolor. Sin éxito.

- Ahora si, ponte a nadar. – Me dice con voz fuerte mi padre, pensando que estaba jugando con mi hermano y no se había dado cuenta que luchaba por mi vida.

- Está bien. – Respondo resignado pensando que nada útil saco de dar tantas vueltas a la piscina nadando.

Molesto de tanto nadar y de no poder alcanzar a mi hermano para poder golpearlo, decido conversar con el salvavidas que cuidaba la piscina.

- Te veo todos los días cuando llego y siempre nadas mucho, ¿no te cansas? – le digo.
- No, es costumbre, deberías intentarlo – contesta sin dejar de mirar a los bañistas.
- Lo que quiero es poder nadar más rápido, ¿qué necesito hacer? – pregunto intrigado
- Ven mañana temprano y te enseño. – Me responde mientras camina a ver a una posible víctima.

Al día siguiente, estoy puntual en la piscina, temprano como me dijo el salvavidas, me reconoce y me llama.

- Listo para empezar. – Me dice
- Claro – respondo.
- Ok, solo sígueme.

Se lanza a la piscina, el empieza a nadar y yo me lanzo, intentando seguir el ritmo. Nadamos casi como 20 minutos y yo ya estaba cansado, así que poco a poco fui bajando la velocidad hasta parar por completo.

El salvavidas siguió nadando por 10 minutos mas, cuando me vio me dijo: Nos vemos mañana para seguir nadando.

Desde ese día, todas las mañanas estaba puntual para nadar por 30 minutos continuos, todos los días sin falta, nadaba junto a el y poco a poco conseguía el ritmo para no quedar atrás. Luego iba con mi padre para que me ayudara a mejorar mi estilo, me enseñaba mucha respiración, mucho de estirar y mucho de aguantar a mi hermano hundirme la cabeza mientras nadaba.

Solo una vez, mi padre decidió tomarme el tiempo en 50 metros, el ancho de la piscina olímpica. Nunca antes había nadado por tiempo o para competir, solo era los 30 minutos continuos con el salvavidas y las mejoras de estilo con mi padre.

Me paré en el podio, miré que nadie interrumpiera mi recorrido, me concentré y esperé a que mi padre diera la partida. Con el peor clavado que tuve en mi vida, comencé a nadar recordando mantener el ritmo y respiración. Mientras nadaba, veía las líneas negras de la piscina mientras recordaba no romper mi estilo. No pasó mucho tiempo y llegué a la pared después de recorrer los 50 metros de largo y voltee a ver a mi padre.

- Muy bien!  – grito feliz mientras levantaba el pulgar derecho hacia arriba.
- ¿Cuánto hice? – Pregunté
- Ups – Responde mi padre y mira el cronometro

Pensé que mi padre recién observaba el tiempo así que el dato no era seguro.

- Has hecho 26 segundos – me dice mi padre.
- Si, yo también conté y es casi lo mismo – dice el salvavidas.

Sorprendido por lo que me dijo mi padre, me quedé pensando si quizá no era el tiempo que hice y que quería hacerme sentir bien. Pero no había caso mentir, ni mi padre y ni el salvavidas.

Meses después ingresé a un equipo de natación de mi ciudad.

5 respuestas to “Y si nadar no me sirve”

  1. OMG!! tu hermano no te quería, que mal u.u aún sigue con esa actitud? creo que es peligroso para ti estar cerca de el, no? =P

  2. ckomiya says:

    Otro de los motivos de por qué los padres motivan aprender natación a los hijos, es porque ellos de jovenes no sabían y anhelaban nadar, aparte no enseñaban mucho la natación. Además, ya de viejos tenían un poco verguenza aprender.
    Es lo que pude notar de mi mamá y mis tías que me mandaban a aprender natación =S

  3. Jacri says:

    Y que paso despues de con el equipo de natacion?

    Que mal que tengas un hermano asi.

  4. [...] era lo único que había encontrado que podía hacer, bueno, nunca había enseñado a nadar, pero nade y competí, y no creía ser malo, así que me decidí a [...]

  5. [...] el verano que di clases de natación en el colegio, la pasé muy bien divirtiéndome enseñando la manera que me hubiera gustado que me [...]

Deja tu comentario

preload preload preload